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En España hay cinco millones de fumadores pasivos (personas no fumadoras que están expuestas a los riesgos del humo del tabaco presente en ambientes cerrados) que consumen involuntaria y peligrosamente, y como media, el equivalente a una cantidad que va de los tres a los seis cigarrillos diarios, pero de un humo aún peor que el que inhala directamente el fumador con la calada.
El humo ambiental del tabaco provoca el llamado "tabaquismo pasivo", que ocupa el tercer lugar en la lista de muertes evitables en todo el mundo. Pese a que a todos nos afecta, los niños y las mujeres embarazadas son la población más vulnerable a sus efectos.
Las concentraciones de sustancias tan tóxicas como el monóxido de carbono y la nicotina, entre otras, son mayores en el humo ambiental que en el de la calada (tres veces más nicotina y alquitrán, y cinco veces más monóxido de carbono). Esto se agrava con el hecho de que las partículas del humo ambiental son de más pequeño tamaño y se queman más lentamente, lo que además de producir más sustancias tóxicas, les permite introducirse en la nariz y la boca con mayor facilidad que las del humo inhalado directamente con la calada. El resultado es que actúan de forma muy dañina y por mecanismos diferentes a los del humo que se traga el fumador con sus caladas.
Así, se ha encontrado que las concentraciones de alquitrán y monóxido de carbono en fumadores pasivos son parecidas a los de un fumador de tabaco "normal" de cinco cigarrillos diarios.
Una persona que está ocho horas diarias en una habitación de 30 m2 en la que se fuman tres cigarrillos por hora aspira un humo equivalente al de dos o tres cigarrillos durante el total de ese tiempo.
Pese a que dichas concentraciones están influidas por la cantidad de fumadores activos y pasivos, el número de cigarrillos fumados por hora, y la ventilación de la habitación en la que se encuentran y sus dimensiones, temperatura y humedad, lo cierto es que el humo ambiental del tabaco puede producir graves enfermedades coronarias, cáncer de pulmón, crisis asmáticas y un mayor número de infecciones de las vías respiratorias, enfermedades a las que son más vulnerables los recién nacidos y los niños en general, las mujeres embarazadas y los enfermos crónicos, especialmente los que sufren enfermedades respiratorias.
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