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Tabaco: la epidemia del siglo


La principal causa evitable de enfermedad y muerte

El tabaco es una droga legal, y socialmente aceptada, altamente venenosa y adictiva, a la que se tiene un primer acceso en la infancia y que en España es consumida por más de un tercio de toda la población. En nuestro país es el responsable directo de hasta 9 de cada 10 casos de enfermedades respiratorias crónicas y cánceres de pulmón, de casi la mitad de algunas de las enfermedades cardiocirculatorias y de 1 de cada 6 de todas las muertes. En todo el mundo, muere una persona cada 9 segundos a consecuencia del tabaco.

La falta de información, la confusión y la tergiversación de los efectos reales del tabaco es tan grande que en países como México se vende en las farmacias (sin necesidad de receta médica, por supuesto), y en todas partes es fácil encontrarlo al lado de chucherías, golosinas y productos de pri mera necesidad.

Un aumento espectacular

Pese a que en 1952 y 1957 el Comité de Expertos sobre Drogas de la Organización Mundial de la Salud consideró al tabaco un hábito difícil de modificar, y en 1977 prestigiosas sociedades científicas de ámbito internacional hablaban del tabaquismo como una drogodependencia que tenía serias repercusiones para la salud mundial, el consumo de tabaco ha ido creciendo sin parar, día a día.

En España, las ventas han crecido espectacularmente desde 1960 y el consumo per cápita anual de cigarrillos pasó de 1.500 cigarrillos en 1960 a 2.500 en 1988 (por persona, fumadora o no, y al año, lo que significa, en realidad, que los 2.500 cigarrillos por persona correspondientes a 1988, son 5.700 cigarrillos anuales de promedio por cada "fumador).

Un problema mundial

Pero el problema del tabaco no es local y va más allá de nuestras fronteras. En los países de la Unión Europea el índice de fumadores es del 34%. En EE.UU., donde las campañas antitabaco están fuertemente implantadas desde mucho antes que en Europa, las cifras son significativamente menores, pero en 1991 eran aún del 27%, y en la actualidad cada día 3.000 niños norteamericanos empiezan a fumar.

La situación en España

El 36% de la sociedad española es fumadora, y, de todas las muertes, el 16% son a causa del tabaco. Es decir, en España (que se sitúa entre los países europeos con un mayor consumo de cigarrillos por persona), uno de cada dos varones adultos y una de cada cuatro mujeres son fumadores. Y de ellos, la mitad terminarán por morir prematuramente a causa de enfermedades relacionadas directamente con el consumo del tabaco.

En España, uno de cada dos varones adultos y una de cada cuatro mujeres son fumadores.

Además, no hay que olvidarse del resto de la población. Porque los que no fuman son casi todos fumadores pasivos, que también se ven sometidos a los riesgos del tabaco al inhalar el humo ambiental (las cifras hablan de un 73% de la población mundial). En España se calcula que mueren unas 6.000 personas al año por esta causa, y en EE.UU. 53.000, que ocupan el tercer lugar en la lista de muertes debidas a causas evitables (después de los fumadores activos y los alcohólicos).

Las consecuencias sociales del tabaco

Todo ello, traducido a muertes anuales, resulta estremecedor. Según la Organización Mundial de la Salud, cada año mueren tres millones de personas en el mundo a causa de enfermedades directamente relacionadas con el consumo del tabaco. En toda Europa, son tres cuartos de millón los muertos (el equivalente a que durante todos los días de un año cayeran 6 aviones jumbo y como resultado muriesen todos sus pasajeros), y, de ellas, casi medio millón pertenecen a los países de la Unión Europea (de las cuales, 45.000 corresponden a España).

Una familia cualquiera

Traduciendo y redondeando algunas de las cifras sobre el consumo y los hábitos tabáquicos en España (y sus riesgos para la salud), y poniéndolas en un lenguaje más humano y desgarrador, nos queda este descorazonador "retrato de familia": en una familia compuesta por diez miembros (los abuelos, sus dos hijos con sus respectivas parejas, más los cuatro nietos fruto de estos matrimonios), cuatro serán fumadores y dos de ellos acabarán muriendo con casi veinte años de antelación a consecuencia de su hábito, padeciendo además por el camino un sinfín de molestias y trastornos que menoscabarán la calidad de su corta vida (ellos e indirectamente también sus familiares, tanto por el dolor de una pérdida demasiado temprana, como por los sinsabores de la convivencia con un ser querido aquejado de una grave enfermedad).

La vida vale mucho más

Un estudio patrocinado por la industria tabaquera señala que con lo que el Estado se ahorra con las consecuencias del tabaco (los gastos sanitarios y de pensiones que no tiene que pagar a los fumadores muertos prematuramente) más lo que gana con los impuestos que los fumadores pagan por sus cigarrillos, resulta que los fumadores están aportando casi el doble de lo que el Estado gasta en ellos.

Sin embargo, esta forma de llevar la contabilidad es más propia de manzanas que de personas y se olvida de la importancia, incluso económica, que tienen también las vidas humanas. Sólo con ponerle un precio mínimo a cada vida perdida resulta una cifra de pérdidas que supera en ocho veces a las "supuestas ganancias" que el Estado obtendría en este estudio.

Pero, además: si todas esas personas no hubieran gastado su dinero en tabaco, lo habrían hecho en otra cosa o lo habrían ahorrado, lo que también repercutiría en impuestos que engrosarían las arcas estatales.

En EE.UU., esta polémica ha sido zanjada por el propio gobierno de la Casa Blanca, que ha demandado judicialmente a las tabaqueras para que reembolsen al Estado el gasto sanitario que ha ocasionado el tabaco, denunciándolas de conspirar para ocultar el peligro de los cigarrillos.

El dinero del tabaco

El tabaco no sólo genera muerte y enfermedad. Es además un desague por el que se escurre cada vez más el dinero del contribuyente, por el que se diluyen los tantas veces menguados presupuestos sanitarios: en 1993 y en España, los gastos sanitarios relacionados con el consumo de tabaco llegaron a los 2.000 millones de euros (entre gastos de hospitalización, de asistencia primaria y de medicinas), mientras que en 1987 sólo eran de 500.

Pero en la otra cara de la moneda está el hecho de que en la Unión Europea hay 215.000 trabajadores empleados en el cultivo del tabaco y unas 200.000 hectáreas de terreno dedicadas a su explotación. En España, Tabacalera considera que son, 100.000 los puestos de trabajo relacionados con la industria, y la Asociación Española de Agencias de Publicidad afirma que las pérdidas de su sector en caso de que se prohibiera la publicidad del tabaco en nuestro país serían de 150 millones de euros.

Presión política

Por otra parte, aunque las tabaqueras intentan mantener el secreto de sus ganancias tan bien oculto como el de la fórmula de las pócimas con que adulteran el tabaco, se sabe que el dinero que mueven anualmente en el mundo ronda los 0,3 billones de euros, un valor equivalente a la mitad de la "riqueza" de España, cuyo producto interior bruto es de 0,6 billones. Con semejantes cifras, su poder económico y político es realmente abrumador. Y para convencer a los políticos, las tabaqueras se basan en los supuestos beneficios económicos que la producción y comercialización del tabaco aporta a la sociedad: puestos de trabajo en el sector agrícola, industrial, publicitario y comercial, y todo el dinero recaudado con los impuestos directos e indirectos, de los que aseguran que, por sí solos, ya solucionan con creces los gastos sanitarios ocasionados por el tabaco. Y esta presión es tan grande que debilita e impide que se desarrolle a buen ritmo el necesario control y una buena prevención de los avances de la grave epidemia mundial del tabaco.

Las tabaqueras buscan nuevos clientes

Pese a las presiones y artimañas económicas y legales, la industria tabaquera cada vez tiene más obstáculos para vender sus cigarrillos en el mundo desarrollado.

Para contrarrestar esta posible disminución de ventas, las tabaqueras ha lanzado una poderosa y cara campaña publicitaria en la que, a nivel mundial y anualmente, invierten una suma de dinero tres veces mayor que todo el presupuesto de la Organización Mundial de la Salud, dinero que, la publicidad sólo en España, asciende a 200 millones de euros.

Su estrategia actual consiste en buscar nuevos mercados. En el mundo desarrollado, dirigiendo su producto a dos nuevas víctimas: los niños (por representar el potencial cliente del futuro) y las mujeres (un mercado hasta ahora inexplorado). Para ello utilizan un nuevo tipo de publicidad que intenta confundir con mentiras a la gente, muchas veces recurriendo a la "compra" de investigadores de universidades de todo el mundo que afirman que consumir cigarrillos no es, en el fondo, tan malo.

Por otra parte, ha empezado a inundar con publicidad a los países en vías de desarrollo, donde puede vender su producto libremente, y sin ningún tipo de obstáculo legislativo ni sanitario, ya que en ellos las urgencias y las prioridades se centran en el control de la elevada mortalidad infantil y de las enfermedades transmisibles, y no les quedan recursos económicos para luchar contra el tabaco.

Falsos "humos" de solidaridad

Las compañías tabaqueras han empezado a dirigir su letal producto a países en vías de desarrollo. Algunas marcas lo hacen además con una cruel burla que, sin embargo, es impactante y comercialmente efectiva: anunciando que destinan el 0,7 del precio del tabaco al apoyo de ONGs que trabajan por la mejora sanitaria y social en los mismos países donde esas mismas tabaqueras contaminan a su población minando su salud con el tabaco.

La Coordinadora de ONGs para el Desarrollo ha rechazado públicamente esta "aportación" (entre otras muchas razones evidentes, porque vulnera el código ético interno que todas estas organizaciones de los países de la Unión Europea adoptaron en 1989) y ha pedido que se retire dicha publicidad del mercado.

La tramposa estrategia publicitaria de las tabaqueras

El primer trampolín utilizado para promocionar el tabaco fue Hollywood (¿cuántos cigarrillos habrán fumado en las pantallas aquellas míticas estrellas de las películas de los años cuarenta y cincuenta?), y el segundo, los anuncios publicitarios, con los que consiguió introducir el tabaco en la vida diaria, y convertirlo en una herramienta de relación, éxito y reconocimiento social.

En la actualidad, la industria tabaquera ha conseguido que aparezcan fumando el 57% de los protagonistas de las películas (cuando el número de fumadores entre los personajes reales a los que estas estrellas interpretan es sólo del 14%) mediante la inversión de elevadas sumas de dinero en las producciones, y firmando contratos para que actores como Sylvester Stallone salga "saboreando" cigarrillos o puros en sus películas.

Pero, además, utiliza caros y sofisticados métodos de promoción que van desde la publicidad directa (los anuncios del producto) e indirecta (promoción de viajes y prendas de moda y ropa interior, el patrocinio de acontecimientos deportivos y conciertos y otros actos culturales, todos ellos con el nombre y el distintivo de marcas de tabaco conocidas).

Con todo este arsenal promocional bombardean al consumidor, sobre todo a los jóvenes, potenciales clientes del futuro, y a las mujeres, un grupo al que aún no había "tocado". Para ello utilizan consignas publicitarias que consisten en la manipulación de valores sociales como la buena salud, la juventud, el deporte, la seducción, la aventura, la emancipación de la mujer, y otros como el derecho al ejercicio del placer y el respeto a la libertad individual, destinados a crear la falsa sensación en el fumador de que el creciente control legislativo del tabaco va contra él y le está "marginando" de una sociedad "poco solidaria" y respetuosa con los derechos de los demás.

El porqué de las campañas "antitabaco"

Estas campañas de prevención sanitaria tienen como finalidad impedir la expansión del consumo del tabaco y evitar que las personas no fumadoras sufran sus consecuencias, así como dar a conocer sus riesgos a los que fuman, ayudar a los que desean dejado, y educar e informar sobre el tabaco a los niños y los jóvenes, que son los que más posibilidades tienen de caer en las tentaciones del pitillo.

En los países que más tiempo llevan, que más dinero han destinado y que más leyes para controlar la publicidad y el consumo de tabaco han dictado, el número de fumadores ha descendido significativamente. Sin embargo, en España, donde 9 de cada 10 fumadores habituales empezaron a fumar antes de los 20 años, y aún hay 6 de cada 10 fumadores que no relacionan el fumar con las enfermedades cardiovasculares, el cancer de pulmón, el de laringe y la bronquitis crónica, se han destinado mayores presupuestos a las campañas contra las drogas y los accidentes de tráfico que a las del tabaco, cuando, de hecho, de cada 1.000 muertes prematuras, 1 es debida al consumo de drogas ilegales, 20 a los accidentes de tráfico y 150 al consumo de tabaco.

El reloj de Perth "adelanta"

En 1985 se instaló en esta ciudad australiana un reloj que cuenta el número de víctimas mortales cobradas por el tabaco. Un desolador reloj que gime cada 9 segundos. Un reloj que desgraciadamente tiende a "adelantar", ya que, según las previsiones de la Organización Mundial de la Salud, se cree que para el año 2025 el número de muertes por tabaquismo será de diez millones, de los cuales tres corresponderán al mundo rico y siete a los países en vías de desarrollo.

En el año 2025 las muertes anuales por tabaquismo alcanzarán la cifra de diez millones, un dato que corresponde a los niños y los adolescentes de nuestros días.

Las demandas jurídicas en EE.UU.

Por su espectacularidad, ya que alguna de las indemnizaciones solicitadas alcanza cifras de hasta medio millón de euros, una de las noticias que más protagonismo ha tenido en los medios de comunicación (referente a uno de los "frentes" de la lucha antitabaco) es la de las demandas que colectivos de afectados por los daños del tabaco han interpuesto a las tabaqueras (y ganado) ante los tribunales de justicia americanos.

Sin duda, es un camino para "castigar" (ya no está tan claro si también "frenar") a las tabaqueras para que asuman y reconozcan su grave responsabilidad por el dolor y enfermedad que desde hace años causan. Sin embargo, esta forma de luchar contra el tabaco, que está lejos de actuar únicamente como método de prevención del tabaquismo, no está del todo claro que pueda ser exportada con éxito a los tribunales españoles, debido fundamentalmente a las diferencias existentes entre las leyes de uno y otro país.

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