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Históricamente, el tabaco se ha consumido de muy diversas maneras (mascado, aspirado, chupado, fumado, e, incluso, bebido y por enema). Luego, los procesos de elaboración industriales han dado múltiples máscaras y marcas a la hoja de tabaco original. A la vez que diferentes, sus formas de presentación y maneras de consumirlo no afectan de la misma manera a nuestra salud, pese a que todas la perjudican seriamente.
El tabaco es el nombre común con el que se conoce a la planta Nicotiana tabacum, una de las cuarenta especies del género Nicotiana, a su vez de la familia de las solanáceas, originaria de América, y a la cual pertenecen también patatas, pimientos, berenjenas y tomates, que, sin embargo, no contienen un elemento distintivo de las plantas del género del tabaco: la nicotina. De hojas grandes (el agua forma el 80% y la materia seca el resto), crece en climas húmedos y con temperaturas que oscilan entre los 18 y los 22 ° C.
De sus cuatro variedades distintas (brasiliensis, bavaniensis, virginia y purpurea), del modo de cultivo, forma de cuidado y fermentación, y del proceso de fabricación, surgen los diferentes tipos y marcas de tabaco que se comercializan en el mercado.
Se espera a que la planta florezca para que sus hojas crezcan al máximo, y luego se recoge y se cura deshidratándola al aire libre o en una atmósfera controlada artificialmente, lo que reduce el porcentaje de agua de la planta del 80 al 18%.
El proceso de curado o deshidratación hace variar el aroma y sabor final de las hojas: las del tabaco curado en atmósfera artificial (el 35% del comercial) son de color amarillo claro y con altas tasas de nicotina y alquitranes; el curado al aire es también de color claro y se emplea como relleno y soporte de aromatizantes. El que se cura al aire y al sol se utiliza en la mezcla del cigarrillo americano y para el interior de los puros. Y el curado al fuego, para el rapé, la pipa y el tabaco de mascar.
El tipo de curado de la hoja del tabaco determinará su aroma y sabor final, y, por tanto, las múltiples variedades que se ofrecen en el mercado.
Las hojas secas se apilan en paquetes, que se someten a la acción de bacterias, hongos y levaduras que provocan complejas reacciones químicas que las hacen fumables. Luego, se someten a un gran número de manipulaciones (la mayoría secretas) que le dan al tabaco el típico sabor de marca mediante procesos como la humidificación o desecación, el torrefactado y la adición de saborizantes y aromatizantes.
Los saborizantes y aromatizantes potencian en muchos casos la fuerza adictiva y el mayor consumo del tabaco.
Actualmente se cultiva un 75% del tabaco para las modalidades claras o rubias y un 25% para el tabaco negro. El tabaco es rubio o negro en función del color de la hoja.
En España, y entre los fumadores varones, sólo consumen puros el 2,6% (cifra que llega, sin embargo, al 6% en el caso de fumadores cuya edad supera los 45 años). Sólo un 0,1% son consumidores de tabaco de pipa. Las mujeres fumadoras consumen exclusivamente cigarrillos.
Las cifras relativas al consumo de productos de "tabaco sin humo" como el rapé y el tabaco de mascar son insignificantes en España. Sin embargo, en países como EE.UU. el consumo de tabaco de mascar alcanza cifras del 8%, y en Holanda es bastante común simultanear el cigarrillo con el rapé.
Se está empezando a dar la. voz de alarma respecto al lanzamiento por parte de la industria del tabaco de otros productos derivados del tabaco sin humo. Como respuesta ante el creciente tabú social contra el fumar en público, las tabaqueras han buscado formas socialmente más aceptables de administrar nicotina. En la actualidad ya está a la venta en EE.UU. un tipo de tableta que contiene nicotina, con sabor a canela y con el aspecto de un caramelo para niños.
En la actualidad es el cigarrillo la forma que goza de mayor popularidad y aceptación (emboquillados o sin filtro, rubios y negros, light, semilights o "enteros"). Le siguen bastante por detrás en cifras de consumo el cigarro puro, la pipa y dos modalidades de lo que se ha venido en llamar como "tabaco sin humo": el rapé (tabaco en polvo que se inhala) y el tabaco de mascar.
Dado que entre los fumadores cada vez hay mayor interés por los riesgos que comporta el tabaco, las tabaqueras han inundado el mercado con cigarrillos light, acompañándolos de publicidad engañosa sobre el producto que afirma que son menos peligrosos para la salud.
Hay que dejar bien claro que los "beneficios" de su consumo dejan mucho que desear, ya que si bien es verdad que este tipo de presentación ofrece la "ventaja" de un menor contenido en nicotina y alquitranes que los cigarrillos normales, la necesidad de dosis concreta de nicotina provoca que la persona fumadora haga inhalaciones más largas y que consuma un mayor número de cigarrillos.
Además, a este ansia natural por saciar la necesaria dosis, las compañías tabaqueras le han añadido refuerzos como el de poner fitros más blandos, que se aplastan mucho más que los normales al cogerlos entre los dedos y obligan a chupar con más fuerza e intensidad para conseguir inhalar el humo.
Si se ha optado por ellos sólo para reducir los riesgos, deberían tenerse en cuenta estos hechos.
Aunque todo consumo de tabaco conlleva serios riesgos para la salud, cualquiera que sea el tipo que se consuma, es importante que tengamos en cuenta que hay diferencias significativas entre un tipo y otro, tanto desde el punto de vista de la toxicidad como de la adicción.
El gran número de manipulaciones a que se somete a la planta original, hacen del tabaco manufacturado un producto más dañino que el tabaco natural.
Si nos centramos en el tabaco fumado, el riesgo es mayor cuanto mayor sea el número de cigarrillos consumidos, más sean los años que se lleve fumando y más elevado sea el contenido de alquitranes y nicotina de cada cigarrillo. Además, deberemos tener muy presentes otros factores que influyen en la toxicidad de los cigarrillos.
Si fumamos, podríamos buscar "soluciones" para reducir la toxicidad y el riesgo de adicción que presenta el consumo de tabaco mediante boquillas especiales o tipos de tabaco menos tóxicos. Los filtros y las boquillas especiales sólo reducen la cantidad de nicotina y alquitrán inhalados, pero no la cantidad de monóxido de carbono, que es un gas del humo del tabaco responsable de un gran número de enfermedades cardiocirculatorias en el fumador.
La composición del humo de la calada depende del tipo de tabaco y de múltiples factores como la profundidad de la inhalación, la temperatura de combustión, la longitud del cigarrillo, la porosidad del papel y la presencia de aditivos y filtros. Por ello, además de escoger aquellos tipos de tabaco menos tóxicos, también se deberá tener en cuenta que la concentración de sustancias tóxicas es mayor a medida que se dan caladas al cigarrillo, hasta alcanzar en la última calada una toxicidad doble que en la primera.
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